martes, 20 de noviembre de 2012

ANÁLISIS / SÍ HAY UN CAMINO: las comunas


Opinión / 
Federico Boccanera / 
ND 


Después de las elecciones y la incertidumbre que de lado y lado ha quedado sembrada para una germinación a plazo más que incierto, en medio de un clima imperante de historia agotada, de ensayo general previo a una defunción no solo individual sino generalizada, en este nervioso ambiente, ha surgido de forma tan cínica como insólita, el tema de las comunas. 

Digámoslo de una vez: esta propuesta del poder comunal es la primera oportunidad clara que se presenta en años, de poder impugnar al poder regente desde la misma base popular, pero corre el riesgo de resecarse entre las dos involuciones que promueven la desertificación de la política venezolana de comienzos de siglo, representadas por un régimen particularmente infértil, especialmente en lo revolucionario, y una oposición que lo complementa perfectamente en la esterilidad del debate.

Desde luego que la oferta comunal que lanza el régimen chavista no es la oferta virtuosa de un estado dispuesto a deslastrarse de prerrogativas y delegar poderes, y sobre todo, a renunciar a la oportunidad de aprovecharlos para ejercer su perenne extorsión sobre la sociedad, no es así, de hecho, la oferta chavista de las comunas se hace para crear nuevos receptores clientelares, y extender la dependencia existencial de todos los estratos del poder, al dictado implacable de un régimen de incontrolable propensión totalitaria y por lo tanto, indetenible en su afán de prevaricar y dominar en forma cada vez más incontrastada.

Es por lo tanto la oferta del poder comunal chavista la estafa final, el engaño final, la carnada definitiva que se le tiende a un pueblo que, en su buena fe, podría hasta ilusionarse con que al fin podrá “bypasear” a esos intermediarios vagabundos que se la pasan engañando al comandante y escondiéndole la verdad, o a esos políticos malandrines que lo que quieren es quedarse con el presupuesto y embolsillarse la plata que mandan de Caracas.

Lástima porque esto de las comunas, presentándolas como un verdadero proyecto de profundización de la descentralización, podría representar una de las mejores ofertas posibles de salvación y rescate del país nacional, especialmente si se llegara a la audacia de proponer un poder mas horizontalizado y cercano a la gente, con lo cual y de paso, tendríamos la oportunidad histórica de descoser enteras redes de tráfico clientelar, que son el desarrollo tumoral de una relación estado-país sépticamente determinada por el vicio rentista. 

Sobretodo podría representar una ocasión para la oposición si una gran parte de ella no estuviese tan supeditada en relación de vida o muerte, a sus feudos regionales de supervivencia residual. Pues a la limitación que podría hacerse del poder estadal o regional, podrían oponerse ciertos establecimientos que visualizan su ámbito administrativo como un coto vital de apropiación/incautación del reparto rentista y emporio de mantenimiento de sus propias clientelas locales.

Los partidos democráticos venezolanos no pueden cometer el error trágico de sustraerse de discutir un poder que se podría proponer como el más popular y cercano al pueblo, sin quedar seriamente comprometidos en su posibilidad de ofrecerse como alternativa de poder… y olvídense del termino oposición, porque aquí de lo que se trataría es de superar definitivamente esa condición, con la cual se puede incluso sobrevivir indefinidamente, para lanzarse de lleno, y sin red de seguridad, al reto de desafiar al poder máximo, al poder centralizado y concentrado en la prepotente Caracas, con una oferta superior, con un liderazgo fusionado con el pueblo exigiendo mas poder para la gente, desde cada rincón del país.

Si hay un discurso con el cual la política pudiera volver a aterrizar exitosamente en lo social, y colocarse en la perspectiva ventajosa de retar al poder central omnímodo desde la mejor posición posible/imaginable que es al lado de la gente, es precisamente con una verdadera propuesta de avanzada sobre el poder comunal, el verdadero, el que saldría de un debate nacional sin precedentes, y no el paquete trampajaula impuesto por la neoburguesía chavista caraqueña y habanera.

Especialmente si logramos demostrar que el discurso del régimen chavista en el fondo es una estafa monumental que, desvirtuando una propuesta que parece pero no es, no transfiere verdadero poder popular sino mas bien extiende y tentaculiza el control del poder central.

Para cualquier agrupación política que se plantea como una organización para proponer un proyecto de país posible y proponer también los líderes dispuestos a hacerlo realidad, todo desafío de participación popular debería ser atendido con entusiasmo en lugar de andar creando resquemores, porque discursos como el de la inconstitucionalidad y el de la amenaza comunista, representan cuestiones que sin duda alguna deberán tratarse y hasta denunciarse, pero ponerlas en el centro de la discusión, o peor aún, en el centro de las consignas, podría constituir la mayor torpeza posible, además de atascarnos justo en el brete donde el chavismo nos esperaría “pa caernos a palo cochinero” y regocijarse con nuestros chillidos estertóreos…

Además, se podría visualizar esta propuesta del poder comunal, como una ocasión inigualable para plantearse la gestación de una verdadera política del siglo 21, desarrollando por ejemplo, una campaña que se enfoque en el impulso a redes sociales reales de iniciativa ciudadana, precisamente como la expresión de un poder lo mas cercano posible a la gente y sus intereses.

Dicho en otras palabras, la palabra clave para explicar la política del siglo 21 será la palabra “REDES” y el poder comunal podría representar su desarrollo mas consustancial y hasta natural.

El discurso de la comuna, bien planteado y bien llevado con propuestas reales de gestión comunitaria y contraloría social, podría constituirse en el más eficaz de los recursos en contra de cualquier tentación autoritaria y totalitaria, es mas, podría convertirse en el mensaje antitotalitario por excelencia y en el más virtuosamente democrático.

La propuesta del poder comunal podría ser la ocasión y el ámbito perfecto, para proponer un nuevo modelo de sociedad democrática, socialmente sostenible, un proyecto dirigido por “inteligencias colectivas hacia la autoorganización y la autodeterminación”, y no esta estafa que propone el chavismo, fraudulentamente empaquetada por “inteliguentsias” agavilladas en nomenclaturas donde el compromiso principista o ideológico, sólo es un sastre que ronda por las cortes, confeccionando disfraces.

Entonces por fin estaríamos hablando también de transición, y no solo de transición en el modo más profundo posible, al movernos en la dirección correcta para proveer estabilidad y gobernabilidad, ante una crisis futura que se vislumbra sistémica, con peligrosas decadencias pandémicas en la representatividad y la legitimidad, porque además estaríamos abordando el tema de la transición en el modo como el conjunto estado-sociedad-comunidades se podría comenzar a restructurar en modalidades de relación, interdependencia y cooperación, que rehúyen la concentración totalitaria, la sumisión cómplice de poderes que solo aspiran a hegemonías inapelables, y los inevitables callejones sin salida a los cuales nos podría llevar, el agotamiento de un modelo de estado populista/rentista tan cristalizado y esclerosado como el actual.

Dentro de este contexto de asumir y no rehuirle al reto del poder comunal, y mas bien arrebatárselo a sus ominosos proponentes originales (incluso en el caso de llegar a tratarse de otro caso más de “amenaza interrupta”, de esas tantas que se han quedado en la nada, como la fibrilación axial apureño-orinoquesa, el cooperativismo o el trueque…). Aun así, lo que queda de dirigencia política nacional capaz de pensarse más allá de lo electoral, y partidos de verdadero espesor social como Acción Democrática, no deberían perder el menor tiempo en plantearse seriamente el “rapto de la iniciativa”.

Para un partido como Acción Democrática la discusión sobre las comunas sería como un retorno estelar a los planteamientos de vanguardia, a los “desafíos epocales”, y en ese campo sería de las pocas organizaciones políticas de verdadero alcance nacional, que además podría sonar auténtica en una propuesta de empoderamiento de las comunidades, a diferencia de otros partidos que, además de carecer de la indispensable “capilaridad geográfica”, si se metieran en eso podrían verse demasiado como “vestidos para la ocasión”.

Por lo tanto para AD podría ser la gran ocasión para recolocarse en el epicentro de la lucha política con naturalidad y credibilidad, y si lo hace recuperando cierto sentido del trabajo político en donde antaño fue campeona, esta vuelta al centro del ruedo podría coincidir con otra gran oportunidad: la de volver a disputar la tenencia del mensaje de inclusión social y su semántica asociada (un campo que siempre fue especialidad de AD, hasta un pasado ni tan remoto).

Es la gran oportunidad para volver a hacer política, en vez de limitarse, como algunos proyectos personalistas hacen por deficiencias insuperables de concepción y liderazgo, al mero rol opositor.

Es la gran oportunidad para recuperar el sentido de aquello que mientan la “vocación de poder” distinta a la “vocación de medrar” que pareciera distinguir a cierta supuesta dirigencia.

¡Adelante! 
twitter: @FBoccanera

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