sábado, 16 de junio de 2012

CIENCIA SIN FICCIÓN / ¿Conoce usted la historia tsunamigénica de Venezuela?


Tsunamis en el Caribe: significación para Venezuela 
(parte 1)


-Generalmente en nuestro país hemos oído, leído y visto temas y noticias relacionados con eventos de las denominadas olas de puerto (tsunami), tomando como ejemplos patentes los litorales japoneses y chilenos que están ubicados en zonas de alto potencial sísmico. Mas, aunque usted no lo crea, Venezuela tiene también su historia "negra" en materia de este tipo de eventos. Aquí en este especial de varias entregas, basado en un artículo firmado por Pascual R. Márquez S., usted se enterará de las posibilidades y peligros que conlleva vivir en una zona donde en algún momento puede presentarse un tsunami, porque hay evidencias que plasman 15 fenómenos naturales de este tipo en las costas venezolanas, de los cuales, ocho en total, se produjeron hacia la zona nororiental de nuestra nación.

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RESUMEN
La región del Caribe y la costa norte de Venezuela no son ajenas a la ocurrencia de tsunamis, principalmente de origen tectónico; así lo demuestran más de 90 eventos de tipo tsunamis  reportados desde su descubrimiento y la geodinámica de la Placa Caribe, sísmicamente activa, asiento de una zona de subducción y un arco volcánico. A pesar de ello, la disponibilidad de estudios relacionados con la identificación de sedimentos acumulados por tsunamis es limitada. 
Depósitos de arenas interpretados como producto de tsunamis fueron descritos al noroeste de Puerto Rico. En las costas de otras islas peñones y clastos de gran tamaño han sido atribuidos al mismo fenómeno. Aunque el nororiente de Venezuela ha sido inundado seis veces por olas de gran tamaño, probablemente originadas por sismos ocurridos en el sistema de fallas rumbo-deslizantes que forman el límite meridional de la Placa Caribe, solo se conocen dos localidades donde se han identificado depósitos de tsunamis, una es Puerto Colombia, en la costa central del país, y la otra es la laguna Los Patos en Cumana. 
El propósito fundamental del presente artículo es incentivar el interés por la exploración e identificación de sedimentos depositados por tsunamis en áreas favorables para su preservación; esto constituiría un aporte clave para predecir su ocurrencia y adoptar de forma oportuna medidas preventivas para disminuir o evitar los daños a la infraestructura y la pérdida de vidas humanas en zonas costeras de poca elevación y densamente pobladas, sobretodo vulnerables a inundaciones causadas por este tipo de fenómeno natural.

INTRODUCCIÓN
Tsunami es una agitación repentina, aleatoria de la superficie marina, no relacionada con mareas o fenómenos meteorológicos, sino que son el resultado de la acción aislada o conjunta de varios mecanismos, los cuales pueden ocurrir en cualquier momento, afectando mares, océanos y lagos, independiente del ambiente tectónico.
Aunque pueden producirse por erupciones volcánicas, deslizamientos submarinos y sub-aéreos de los flancos de montañas y por la caída de grandes meteoritos, la mayor parte de los tsunamis son de origen tectónico producidos por sismos de foco somero, epicentro submarino y magnitud superior a 6.5 que ocurren en los límites de las  placas tectónicas, principalmente en las zonas de subducción, donde la convergencia genera fallas inversas en la placa cabalgante y tensión, con fallamiento normal, en la placa subducente. (Fig. 1).
El mecanismo más invocado es aquel según el cual en la fosa oceánica, a lo largo de las fallas inversas, se producen súbitos desplazamientos hacia arriba del fondo submarino que empujan verticalmente grandes masas de agua provocando el ascenso de la superficie del océano (Fig. 2); sin embargo, no se descarta que a lo largo de fallas normales también se originen tsunamis; en cuyo caso, habría un súbito descenso del fondo marino lo cual atraería agua de todas direcciones, creando un descenso en la superficie del océano. 
En ambos casos se generan una serie de ondas que se propagan, desde el punto de perturbación, en todas las direcciones a través del océano afectando la columna completa de agua. Las olas producidas tienen características distintas a las olas causadas por el viento. 
De hecho, la longitud de onda está en el orden de los centenares de kilómetros, con periodo generalmente entre 1,6 y 33 minutos y una velocidad que en mar abierto alcanza entre 600 – 800 km/h (SHANMUGAN 2008) la cual disminuye al acercarse a las zonas de aguas someras, donde su amplitud, que normalmente se aproxima a un metro en mar abierto, aumenta considerablemente hasta alcanzar alturas superiores a los 30 metros para descargar su energía con gran ímpetu sobre el área expuesta de la costa, erosionando los sedimentos de la  anteplaya, la playa, la zona entre mareas y áreas terrestres adyacentes, destruyendo todo a su paso.
Tsunami de Sumatra 2004
El ejemplo mejor conocido de tsunami de origen tectónico es el gran tsunami acaecido en el Océano Índico el 26 de Diciembre del año 2004, causado por un terremoto de magnitud 9 que tuvo lugar en la fosa de Sunda. Este terremoto produjo además deslizamientos submarinos cuyas olas se sumaron a las generadas por el sismo. Los daños materiales producidos fueron enormes y la cifra de muertos sobrepasó las 280.000 personas (DAWSON & STEWART 2007).
De los tsunamis producidos por erupciones volcánicas submarinas, el más documentado es el que produjo el colapso de la caldera del volcán Santorini hace 3.500 años, que produjo la deposición de turbiditas proximales en pequeñas cuencas perchadas del mar Mediterráneo (CITA & ALOISI 2000).
Otro ejemplo proviene del colapso del volcán Krakatoa en 1883, situado en el estrecho de Sunda, entre Sumatra y Java, que provocó olas entre 30 y 40 metros de altura.
Otro evento tsunamigénico son los deslizamientos submarinos, numerosos de ellos han sido revelados durante la exploración de los mares. El más conocido es el deslizamiento submarino de Storagge ocurrido entre 8000-5000 B.P al oeste de Noruega el cual produjo tsunamis cuyas evidencias se han localizado en varios lugares costeros del Mar del Norte y del Atlántico Norte (MURTY et al. 2005; DAWSON & STEWART 2007). Deslizamientos de los flancos de volcanes y de montañas aledañas a las costas, han sido citados como causantes de tsunamis cuaternarios, de alcance local, en las islas Canarias, Molokai, Hawaii y en Papúa Nueva Guinea (WARD & DAY 2005; WHELAN & KELLETAT 2003).
En diversos lugares como Chile, Norteamérica, Suráfrica, India, China, Japón y Australia, en distintas épocas geológicas, se han interpretado sedimentos producidos por mega-tsunamis atribuidos al impacto de meteoritos (BOURGEOIS 2008). 
Es bien conocido que durante el Cretáceo Tardío el Golfo de México fue afectado por varios impactos de meteoritos, el mayor de los cuales sucedió muy próximo al límite Cretáceo/Paleógeno. Se postuló que los depósitos de flujo por gravedad encontrados en el Golfo de México, en el centro y en la costa occidental de Cuba, en el noreste de México y en la costa tejana del Golfo de México, están vinculados con tsunamis inducidos por impactos de meteoritos (KAZUHISA et al. 2004; GARCIA et al. 2001).
Históricamente se comprueba que los maremotos son más comunes en los océanos Pacífico e Índico en los cuales abunda la convergencia de placas y el desarrollo de numerosas zonas de subducción
En el océano Atlántico, donde no hay grandes zonas de subducción, la mayoría de las grandes olas son causadas por deslizamientos de tierra y tienen un efecto localizado, excepto el gran tsunami creado por el terremoto de Lisboa en 1755. Sin embargo, la región del Caribe, parte integrante del océano Atlántico, se considera de alto riesgo para la ocurrencia de tsunamis de origen tectónico causados por sismos de epicentro submarino, magnitud  > 6,5 y foco > 40 km asociados con la subducción al este de las Antillas Menores. (CONTINUARÁ)...














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